Todo se trata de estar en el momento y en el lugar correcto
Hay muchas cosas que no podemos elegir. Cuando salimos a observar aves, es posible que tengamos en mente, más o menos, que especies probablemente veamos, pero nada nos asegura que así sea. Cuántas veces me ha pasado de tener listas en donde faltan las especies más comunes: listas de AMBA sin Benteveo o sin Calandrias, incluso sin Torcazas. O esa vez que por varios días consecutivos no vimos ni escuchamos a ningún arañero silbón por Misiones, un ave que se caracteriza por ser omnipotente en la selva paranaense.
Entonces, uno puede esperar que algo sea de una determinada forma, pero no puede asegurarlo. Puede ser similar, peor, mejor, mucho mejor o mucho peor.
¿Y qué sucede cuando conocemos a alguien?
Los humanos y las aves somos más parecidos de lo que creemos. Al igual que las aves, los humanos somos diversos e impredecibles (parcialmente). Antropología y ornitología no están tan alejadas, o al menos no en lo que quiero exponer.
La probabilidad de que conozcamos a alguien en nuestro día a día, es muy alta. Ocho mil millones de personas poblamos la Tierra, y es probable que cada día nos crucemos a unas cientas, solo con salir a comprar o tomarnos el colectivo. Es una probabilidad casi tan alta como la de que veamos un ave. Es casi inevitable que una paloma doméstica, una torcaza, un gorrión o una calandria nos increpe durante nuestros días. A veces, sin salir, solo mirando desde la ventana, basta para ver algún pájaro.
Ahora... ¿Cuál es la probabilidad de que una de estas personas que nos cruzamos en nuestros días sea trascendental para nuestras vidas? Me refiero a que se transforme en una amistad, vínculo de pareja, o incluso menos. Pero que deje de ser solo "otra torcaza más" en nuestra lista diaria para pasar a ser ese registro destacado, la especie distinguida que sin dudas vamos a recordar. Ahí ya cambia el asunto.
¿Y cuál era la probabilidad de que conozcamos a esa persona que termina generándonos ese tan-único sentimiento del enamoramiento?
Quizás, es nuestra vida, nos enamoremos dos, tres, cuatro veces. Para algunos más, para otros menos. Lo que sí es seguro es que de toda la gente que conocemos, es ínfima la proporción de personas de las que nos vamos a enamorar.
Y pienso que conocer gente es como salir a observar aves. Cuándo nos predisponemos a conocer gente, abrimos la posibilidad de que una persona nos sorprenda y se transforme en alguien especial. Cuando salimos a ver aves, nos aventuramos a descubrirlas, y que quizás alguna especie rara nos genere una alegría.
¿Pero que pasa si salimos a ver aves esperando encontrar una rareza? En la mayoría de los casos, nos decepcionamos.
¿Qué pasa si en el "estar conociendo gente" estamos expectantes a descubrir al amor de nuestras vidas? Casi seguro, terminemos decepcionados.
¿Pero que pasa si salimos a ver aves esperando encontrar una rareza? En la mayoría de los casos, nos decepcionamos.
¿Qué pasa si en el "estar conociendo gente" estamos expectantes a descubrir al amor de nuestras vidas? Casi seguro, terminemos decepcionados.
En la observación de aves, como en el amor, lo mejor aparece cuando uno menos lo espera.
Pero depende de nosotros estar listos para darnos cuenta de ello, y que trascienda en nuestras vidas.
Un zorzalito boreal probablemente pase una sola vez por la Plaza Terán. Y si no hubiera estado ahí, atento, hubiera pasado desapercibido. Y si lo hubiera querido buscar, probablemente nunca la hubiese encontrado.
Pero depende de nosotros estar listos para darnos cuenta de ello, y que trascienda en nuestras vidas.
Un zorzalito boreal probablemente pase una sola vez por la Plaza Terán. Y si no hubiera estado ahí, atento, hubiera pasado desapercibido. Y si lo hubiera querido buscar, probablemente nunca la hubiese encontrado.
Por eso, todo depende de que estemos en el momento y el lugar correcto.
Podemos conocer al amor de nuestra vida, pero si no estamos listos para una persona o vínculo así, quizás nunca vaya a ser el amor de nuestra vida. Podemos ver al ave más rara del mundo, posada a lo lejos, pero sin los binoculares o la cámara, nunca confirmaremos si es una de muchas palomas picazuró o la rarísima paloma trocal. Si ese arañero es otro cara negra, o un impensado arañero de vincha. Y quizás, cuando lo descubramos, sea porque otra persona lo pudo identificar antes, apropiándose del registro.
Quizás, descubramos que teníamos la posibilidad de estar con la persona que podía ser el amor de nuestra vida, una vez que perdimos esa posibilidad. Y creo que encontrar una persona así es como encontrar un zorzalito boreal en una plaza de barrio.
Todo depende de que estemos en el lugar, momento y en nuestro momento correcto.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario