Ojos llorosos mirando al río
Y el suspiro de quien ya no aguanta.
Tantos colores, tantas luces
Ruido artificial que no deja pensar
Las sirenas incansables
Se camuflan con el canto del zorzal
En las noches de lunas muertas
Ciudad entera inmersa en la niebla
Redescubrí Buenos Aires
En las zigzagueantes ramas del tala
Trepando el tronco de un Ceibo
Mirando al Rio de nuevo
Redescubrí mi ciudad natal
Con los pastos que crecen en grietas
Nietos de aquellos que dominaron praderas
Donde carpinchos y ciervos solían pastar
Redescubrí Buenos Aires
Cuando de noche escuché un caburé
Cuando en el barrio planté las nativas
Que hace siglos solían crecer