jueves, 17 de junio de 2021

Mañana seré

Rezamos a un humano que hace dos mil años fue considerado importante.

Nos aferramos a que sus palabras son la verdad absoluta y nos ensimismamos en predicarlas, así como en seguir replicando las de otros hombres que santificamos. 

Ignoramos así por completo a las verdaderas razones de nuestra vida y existencia: la tierra que nos nutre, el agua que bebemos, el aire que respiramos y el Sol que nos calienta.

Nos enfocamos tanto en adorar a otros homínidos que olvidamos por completo el valor de aquello que tenemos enfrente nuestro, y creemos que tenerlo a disposición nos da derecho para abusar incansablemente de su riqueza en pos de nuestro goce.

Así es como destruimos la razón de nuestra vida y existencia, y la de muchas otras especies más. Nos guía el deseo individualista y terrenal, y nos encamina hacia la destrucción total. 

Del caos venimos y hacia el caos vamos. Quizas todo termine con una gran explosión, un Big Bang. 

Y allí todo empiece otra vez.

Cuanto más sabemos menos entendemos

Somos solo primates con aires de grandeza.

Entiendo que no necesito entender

Que si hoy soy, mañana seré.

miércoles, 28 de abril de 2021

Fuga

Cae el sol y veo como corre el agua por el piso de la terraza: El tanque otra vez está perdiendo. 

Levanto la mirada y siento una brisa que hace bailar a mi pelo tanto como a las hojas del árbol de la vereda, y observó como aquellas semillas caen formando espirales en su trayectoria.

Oigo a lo lejos el encarnado odio de quienes permanecen por costumbre en un incómodo sitio de confort, absortos en una realidad inventada, y cuya única felicidad se basa en la desgracia ajena.

Me tienta contarles quién soy. Me intriga su reacción.

Lenta y gradualmente, como la fuga en el tanque de agua, voy dejando un rastro de mi identidad. Huellas poco visibles, manchas que se disuelven cuando uno revuelve pero que vuelven a aparecer cuando el líquido permanece en reposo. Marcas que cada día son más profundas y más difíciles de borrar, se van tallando como surcos en los huesos y tatuajes en la piel. 

Me doy cuenta de que ellos ignoran por completo estas marcas, pero que a mi me tienen agonizando. 

Y el tanque cada vez está más vacío. La brisa es un vendaval que arranca por completo mi pelo, quiebra una rama del árbol y la estampa sobre mi cuerpo. Termino cayendo en un espiral sin fin del que no puedo salir, y cuanto más desespero, más profundo voy. Y oigo sus risas, expectantes a mi destino, deseando que me les una y me autocondene a aquella realidad inventada, en donde la felicidad es el mal del que piensa diferente, y en donde la violencia es una forma de expresar el amor. Me aferro a las paredes con las pocas fuerzas que aún viven en mí, aguantando a que aquel rayo de sol vuelva a iluminar mi rostro, seque las desgracias que me rodean y me impulse a germinar como a una semilla en tierra fértil. Y entonces, cuando vea a las aves volando antes de que el sol termine de salir, abriré y batiré mis alas para escapar de ese vórtice de oscuridad, y con las fuerzas que me queden volaré hasta donde solo encuentre la luz que me motivó, alguna vez, a ser lo que soy. 

¿Saldrá el sol esta mañana, o me toparé con otro día nublado?       

   

miércoles, 3 de marzo de 2021

Medialunas

 ...me desperté nuevamente en una casa desconocida. Alguien está en la cocina, pero no me importa quién es, agarro mis cosas y me voy. Camino por una calle que no conozco hasta una parada de un colectivo que nunca tomé. Es de noche y mi celular no tiene datos. 

Cuando llega el colectivo, mi sube está en negativo, pero el chofer me deja pasar igual. Me siento al fondo aunque el colectivo esté vacío, y me pongo los auriculares que milagrosamente encuentro en el bolsillo de mi campera. El de la derecha no funciona, pero solo con el de la izquierda sonando y mirando por la ventana, empiezo a viajar. Las luces amarillas de la calle se reflejan en el agua que baña al pavimento. Un aroma familiar comienza a transitar por mi nariz, pero no logro reconocerlo. Una canción me transporta años atrás, a un momento que posiblemente haya sido menos lindo de lo que lo recuerdo. Sigo viajando.

Comienzo a reconocer algunos nombres de calles, aunque sigo sin saber donde estoy ni a donde tengo que ir. Mi billetera, que está vacía, tiene un documento con un nombre de alguien que alguna vez habré conocido. Un gusto amargo recorre mis dientes, y una persona se sienta a mi lado. El colectivo sigue vacío.

Aquella persona se pone sus auriculares, cierra los ojos y se inclina hacia atrás. Cae dormida, y dormida sonríe. Sigo viajando. 

Las calles son cada vez más conocidas, y el aroma ahora tiene un nombre. De la canción recuerdo la letra, y la empiezo a tararear. El colectivo terminó su recorrido. Conozco este lugar.

El Sol comienza a asomar, y una brisa de madrugada arrastra un café con medialunas desde una estación de servicio. Encuentro unos billetes arrugados en el bolsillo trasero de mi pantalón, y me compro una docena de medialunas, que siguen calientes en la bolsa de papel. Veo un colectivo que está por salir de la estación y a esa linea la conozco. Se que me lleva a un lugar en donde soy feliz. Lo corro y logro subir, pero sigo sin saldo en la Sube. Un señor sentado en el asiento de adelante me dice que me paga, y me mira como si me conociera de toda la vida. Siento un calor en el pecho, y solo le puedo agradecer. Me siento en el medio, y mi celular ya se quedó sin batería. Una persona se sienta a mi lado, y se que la conozco de algún lado. El aroma de la lluvia que ya cayó se entremezcla con el de las facturas y el del perfume que esta persona usa. Las calles son conocidas, y se que pronto voy a tener que bajar. El celeste de un cielo naciente y los cantos de las aves madrugadoras generan en mi una sensación de bienestar. Toco el timbre y bajo. Conozco esta parada, y conozco este lugar. Camino hasta una casa conocida. Mis llaves están en mi campera, y sirven para entrar. Allí estaba ella en la cocina, con el café ya listo. Traje medialunas.