Rezamos a un humano que hace dos mil años fue considerado importante.
Nos aferramos a que sus palabras son la verdad absoluta y nos ensimismamos en predicarlas, así como en seguir replicando las de otros hombres que santificamos.
Ignoramos así por completo a las verdaderas razones de nuestra vida y existencia: la tierra que nos nutre, el agua que bebemos, el aire que respiramos y el Sol que nos calienta.
Nos enfocamos tanto en adorar a otros homínidos que olvidamos por completo el valor de aquello que tenemos enfrente nuestro, y creemos que tenerlo a disposición nos da derecho para abusar incansablemente de su riqueza en pos de nuestro goce.
Así es como destruimos la razón de nuestra vida y existencia, y la de muchas otras especies más. Nos guía el deseo individualista y terrenal, y nos encamina hacia la destrucción total.
Del caos venimos y hacia el caos vamos. Quizas todo termine con una gran explosión, un Big Bang.
Y allí todo empiece otra vez.
Cuanto más sabemos menos entendemos
Somos solo primates con aires de grandeza.
Entiendo que no necesito entender
Que si hoy soy, mañana seré.